lunes, 3 de junio de 2013

Mucho más que pan.






Muchas veces pasamos por delante del sagrario o recibimos la sagrada comunión y nuestra actitud es la de  como si pasara ante nosotros una mosca. No nos inmutamos, no nos arrodillamos, nos dedicamos a calentar el banco nada más entrar en la iglesia... (yo el primero). Si nos acordáramos o voy más allá: nos creyéramos realmente cuán grande es la suerte que tenemos de poder contemplar al mismo Jesucristo bajo esa pequeña especie del pan, de poder tenerle dentro nuestro cuando comulgamos nos daríamos cuenta de que somos unos pedazos de privilegiados ya que muchas personas en el mundo desean tener ese privilegio pero no pueden o  porque no hay sacerdotes o bien porque alguien les niega el derecho de poder celebrar la santa misa.
        No solo tenemos una suerte enorme por lo anteriormente mencionado sino que además somos la envidia de las pobres almas del purgatorio porque digamos que tienen cerquita a Dios pero tienen un grueso muro que les separa de Él y sin embargo tú como yo podemos contemplarlo, saborearlo, sentirlo, hablarle y ser escuchados...

Ayer celebramos la solemnidad del Corpus Christi. Ojalá que esta semana reflexionemos de la enorme dicha que tenemos dentro del sagrario, agradezcamos a Dios ese enorme regalo que nos ha dado como es la Eucaristía y pidamos que nos ablande el corazón para que podamos ver desde los ojos de la fe y pidamos también por quienes se preparan para ser algún día ministros de la Eucaristía como por los que ya lo son y hacen de nuevo realidad ese momento que Jesús tuvo con sus amigos en un cenáculo dándoles/dándonos a comer y a beber su bendito cuerpo y su gloriosa sangre.