martes, 12 de agosto de 2014

Lágrimas en África.




Alucino con la cantidad de comentarios que veo en alusión al misionero español Miguel Pajares en los diversos medios de comunicación... No se puede ser más inepto y repulsivo para decir semejantes palabras.
Hace unos años la mayoría de la gente que hoy están criticando la decisión de repatriación de este sacerdote, que se ha dejado la vida y sus anhelos de hombre para entregarse a los demás y que ha tenido la mala suerte de hacer vida la muerte de aquel por quien se consagró, estaban recogiendo firmas y gritando desde el primer momento el envío de la joven Saida Prieto (candidata a gala de Carnaval de Santa Cruz de Tenerife y que durante la gala de elección tuvo la mala fortuna de un accidente que casi le pudo costar la vida) a Sevilla para ser intervenida y ser mejor tratada en la unidad de quemados. Esta misma gente que critica no solo clamaba al gobierno sino que además estaban realizando una hucha para en el caso de que la decisión del Gobierno fuese negativa, fueran ellos mismos quienes costearan el pasaje. El caso es que se pretendía que el traslado de la candidata fuese costeado con dinero público. ¿Por qué con Saida sí y Miguel no?
Me gustaría saber cuántos de los que aprovechan este fatal desenlace del misionero para criticar a la Iglesia, se dejan parte de su sueldo para la educación o los comedores sociales. Por favor, no usemos el problema social para sacar el odio que llevamos dentro (en vuestro caso, el odio a la Iglesia). Sí, voy a atreverme a poner nombre: lo que vosotros tenéis realmente es odio a la Iglesia y realmente os da igual los comedores sociales (que la Iglesia es la primera que trabaja en ellos en nuestro país, sin mirar sexo o ideología política o religiosa de sus miles de usuarios), los colegios, las plazas, el bocata de vuestro hijo, o el perro que cruza la acera. Lo que a vosotros os pasa es que odiáis a la Iglesia, deseabais la muerte en el abandono y miserable de este pobre anciano español  por ser quien era, lo mismo que deseáis la retirada inminente de todo signo cristiano en la sociedad española y la muerte de tantos y tantas personas que abandonan sus humanos deseos y se  juegan la vida,  ¡SU VIDA! por mostrar un mensaje de esperanza que lleva funcionando dos mil años y que es más fuerte que todo el odio del mundo y que todas las ofertas que la sociedad regala y ustedes toman.
Si queréis seguimos hablando de cifras… ¿cuánto dinero se embolsan equipos de fútbol como el BarÇa o el Real Madrid cada mes? ¿Cuánto dinero se embolsan jugadores como Messi o vete tú qué jugador más? Y sobre todo… ¿Cuánto de este dinero va a parar a vuestro comedor social, colegio o al bocadillo de vuestro hijo/a?. Nada, ¿verdad? Pero claro, de esto os calláis porque el fútbol no levanta la voz contra la injusticia y contra vuestros intereses baratos.
No seamos falsos y tened cuidado: que vuestro odio y vuestra ignorancia no os decepcionen.

Por último, quiero dar mi pésame así como mi incondicional afecto y cariño a la familia de este misionero, especialmente a una gran persona como es su sobrino y mi amigo: David Fernández Jordi. Esta familia (porque tiene familia), ha tenido que escuchar y leer vuestros tan odiosos comentarios y teniendo todo el derecho del mundo a defenderse, se ha mordido la lengua y se ha callado por respeto, cosa que vosotros no conocéis. También a una congregación a la cual quiero mucho y he tenido la oportunidad de pasar muy buenos momentos con ella: la orden hospitalaria de San Juan de Dios.

Quiero dar las gracias de corazón y mostrar mi más sentido reconocimiento de admiración a Miguel Pajares y como él a tantos y tantos misioneros y misioneras que se abandonan a lo que ellos tanto aman y se desgastan olvidándose de sí mismos para hacer una sociedad un poco más justa.

Muchas gracias a todos y a ti hermano Miguel …Vuelve a la casa del Padre, que un día te llamó a ir a tu amada África y que te hoy te está esperando con los brazos abiertos y quien te va a encomendar, casi estoy seguro, una nueva misión: ser un ángel para África.


Se cierra el telón.

Uno de los días que no quería que llegara nunca ha llegado: ha fallecido esta mañana el que para era y es el más grande de la gran pantalla además de un gran amante del deporte.
Da igual de qué, lo que importa es que el cine a partir de hoy queda cojo.

Hemos perdido una de las sonrisas más hermosas, reflejo de bondad.  Es por ello que no puedo más que dedicar estas muy sentidas palabras para este gran hombre que a pesar de tener muchos registros, solo deseaba hacer, aunque solo sea por un ratito, felices a aquellas personas que se cruzaran con él de cualquier modo.

  Querido Robin muchas gracias por cada una de las películas en las que nos has regalado lo mejor de ti mismo. Esta es la única imagen tuya con la que me quiero quedar el resto de mi vida, perteneciente a mi película favorita y en la cual has sido tú el personaje principal.  Hoy el telón baja para ti pero siempre serás el dueño del gran teatro de mi corazón.  
Esta noche mis oraciones serán para ti.  Descansa en paz.